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Max y Ella en México / Parte 1

¡Hola Pandas!

Apenas pusimos un pie en México Max salió disparado al primer puestecito que encontró y se zampó dos enchiladas – claro, os podéis imaginar qué pasó…

Auauaua.. mi tripa…

Max lo está pasando bastante mal. Cuando el guardallaves de nuestro hotel oyó los gritos de Max nos comentó que seguro que se trataba de la venganza de Moctezuma.

¡Pero si no he hecho nada a ningún Montezumo o lo que sea! Au… Ni siquiera le conozco…

No hombre, Max: se trata de un leyenda, ¿no la conoces?
Moctezuma era un importante propietario y señor de muchas tierras en México. Un día su territorio fue invadido: él intentó defenderlo, y cayó en el campo de batallas. Pero antes de morir lanzó una maldición que perseguiría a todo aquel invasor que intentase pisar su territorio y le haría sufrir con toda su furia una terrible venganza…

Pero si yo no soy ningún invasor, sino sólo un turista…

Las leyendas sólo son verdad a medias, ya sabes… Yo creo que el guardallaves sólo quería tomarte el pelo un poco, Max.

Ja ja – ja. Qué gracioso.

Pero cambiando de tema: ¿os acordáis de aquel misterioso señor en Scotland Yard que nos dio una carta para su hija en México? Por suerte me acordé, encontré la carta (un poco arrugada, espero que no se enfade) debajo de todos nuestros bultos en la maleta, y busqué la dirección. Pero imposible de encontrar. Así que decidimos preguntar en la información turística. Cuando la ambale señorita que nos atendió leyó la dirección que estaba escrita en la carta, desapareció su sonrisa de inmediato. Nos miró con cara aterrorizada y nos dijo: “La dirección lleva a un lugar muy peligroso: la Pirámide del Terror. La encontraréis en la región de Palenque. Allí vivió hace muchos años el pueblo maya. Pero nadie se adentra en la Pirámide del Terror, porque está habitada por fantasmas y zombis “.
Puuhh.. A mí se ma ha puesto la piel de gallina, sólo de oirlo.. ¿De verdad queremos ir allí, Max?

¡Aj, por supuesto que sí! Seguro que se trata sólo de otra de esas leyendas, como los dragones en Polonia. Mañana seguro que me encuentro mejor y bien tempranito nos vamos a Palenque: sabes muy bien que se trata de un encargo especial de Scotland Yard. ¡No podemos fallarles!

Bueno, sí, vale, tienes razón, hay que hacerlo… Pero a mí me entran escalofríos sólo de pensarlo… ¡Espero que todo salga bien! ¡Deseadnos mucha suerte!

Y mantened siempre las orejas bien abiertas

Max y Ella.

ESPERO QUE VENGAN A VISITARME! JEJEJE BYE!

Max y Ella en África / Parte 1

¡Hola Pandas!
Nos encontramos en serias dificultades: estamos solos y abandonados en medio del desierto del Sáhara :S

¡Pero cuéntalo todo desde el principo, Ella!

Sí, tienes razón. Pues Max quería ir al Sáhara sí o sí.

Bueno, yo pensé que en el Sáhara encontraría montones de arena para hacer castillos, como hago en la playa, y a mí me encanta hacer castillos de arena, así que cogí mi pala y mi cubo y…

… y nos fuimos al Sáhara. Pero vaya chasco, porque claro, para hacer castillos también se necesita agua, y aquí no hay ni el más mínimo rastro de agua.

Aún así el Sáhara es precioso: enormes dunas de un intenso color amarillo que se extienden hasta el horizonte. Nos dijeron que es muy peligroso aventurarse sólos en el Sáhara, y que se recomienda unirse a un grupo de turistas, y es lo que hicimos.
Nosotros nos unimos a un grupo enorme. Cada turista recibió su propio camello para montar, excepto Ella y yo, que tuvimos que compartir uno … ¡aunque el nuestro tenía dos jorabas! También nos dieron unos pañuelos árabes muy grandes con los que nos envolvimos el pelo y la cara, para protegernos del abrasante sol y de la arena. De repente nos sorprendió una tormenta de arena: ¡fue terrible, no veíamos absolutamente nada! Ni siquiera alcanzabamos a ver nuestras propias manos… y de repente cesó todo, y la tarmonta desapareció tan repentinamente como llegó.
Entonces miramos a nuestro alrededor… ¡y estábamos completamente solos! Mirásemos donde mirásemos sólo veíamos arena, ni uno solo del montón de turistas que nos acompañaban. Arena, arena, y más arena: sólo arena por todas partes. Decidimos ponernos en marcha, y como no sabíamos hacia donde caminar nos dirigimos hacia el sol. Y así llevamos ya dos días, y nuestras reservas de agua se están agotando… Incluso nuestro camello tiene mal aspecto…

Para, Max, ¡creo ver algo allí atrás!

¿Dónde?

Allí, mira … ¡es un oasis! … un momento: ¿No es Carl Caruso? ¡Sí, es Carl Carusso! ¡Carl Caruso nos saluda con la mano!

¿Cómo, Carl Caruso? No, no me lo puedo creer.

¡Que sí, seguro! ¡Nos ha visto y nos va a rescatar! ¡Rápido, vayamos hacia él!

Tenemos que salir volando.
Mantened mioentras tanto vuestras orejas bien abiertas.
Max
y Ella.

Max y Ella en España / Parte 2

¡Hola queridos Pandas!

¡La que hay montada en Sevilla! Ayer estuvimos dando un paseo por la ciudad, y vimos una actuación de un grupo de flamenco en vivo, que cantaba enmedio de la calle.

Sí, Ella salió disaparada como una flecha … y yo detrás de ella.

Había un montón de gente mirando. ¡La mujer bailaba tan bien! Tenía una expresión muy intensa en la cara, se notaba que vivía la música. ¡Y era tan guapa! El hombre a su lado cantaba y hacía palmas al compás. Sonaba algo triste, pero aún así encantador…

Sí, y tanto le gustó a Ella que empezó a bailar.

No pude evitarlo, mis piernas empezaron a moverse solas … ;-)

De repente se plantó Ella entre la bailaora y el cantante. No veas con qué cara la miraron… Dejaron de tocar y de bailar, y Ella se quedó allí sola moviéndose como si estuviese andando encima de ascuas y quemándose los pies. De la emoción tenía los ojos cerrados y no se daba cuenta de que todos la estaban mirando.

¡Vaya ridículo! Y luego Max empezó a aplaudir.. el único que lo hizo.

Sí, yo sólo quería relajar el ambiente.

Yo sólo pensaba: “¡Tierra, trágame!!” :o oops:

¡Tampoco fue tan terrible, no exageres, Ella!

Bueno… Eso sí, la bailaora era un encanto y me dijo que si nos pasábamos por allí esta noche otra vez me enseñaría un par de pasos de baile.

Y a mí me dijo que tenía que practicar cómo dar las palmas. Pss… como si no supiese: ¡cualquiere sabe hacer palmas!

Yo estoy nerviosa por aprender esos pasos de baile: ¡mañana os lo contamos todo!

Lávense las orejas,
Max
y Ella

Max y Ella en España / Parte 1

¡Hola amigos!

Así saludan los españoles – ¡jaja! – aunque eso ya lo sabíais, ¿no?

¡Al fin tierra firme! Buff… este largo viaje en barco realmente me ha hecho polvo…

Sí, el pobre Max se marea en barco, y se pasó todo el viaje con un color verde en la cara nada bueno…

¡Estaba taaaaaaaaaaaan mal! Ese continuo baivén del barco pudo conmigo. ¿Sabéis a qué me refiero? ¿Habéis viajado en barco y sufrido lo mismo que yo? Buff..

¡No te quejes tanto, ahora ya te has recuperado!

Sí, por suerte…

Ahora mismo estamos en Sevilla. Yo me he propuesto aprender sevillanas, pero para eso necesitaba lo primero un traje de sevillanas, así que me fui de compras, y arrastré a Max conmigo. Entraba en los probadores, me ponía los vestidos que más me gustaban, salía y le hacía un pequeño desfile de moda a Max, que estaba sentado delante. ¡Fue divertido! No sabía que ir de compras con chicos pudiese acabar bien.

Pero fue agotador.

Bueno, sí, tienes razón… es que había tanta elección… Por eso nos merecemos un descanso ahora. Pero mañana escribimos de nuevo.

Vuestros Max y Ella.

Max y Ella en Inglaterra / Parte 4

¡Hola Pandas!

Vamos directamente al grano, que hay urgencia. Os acordáis del mensaje en clave, ¿no?

“Quien me quiera encontrar al Big Ben debe buscar
Cuando den las 12, un pastelito podrá saborear
Estoy seguro de que le va a gustar
Pero no te des un susto
Si muerdes algo muy robusto
Podria ser la llave – ¡eso si sería un gusto!”

Justo a las 12 descubrimos quién – mejor dicho qué era el Big Ben: corrimos como locos para llegar allí antes de que acabase de dar las 12 campanadas. 6, 7, 8, 9, 10, 11 …¡Conseguido! ¡Ui, por los pelos! ¿Y ahora qué?

Vimos a un vendedor que estaba recogiendo su puestecito.

Max le miró con pánico 8O.

Claro, no sabía qué hacer.

No hizo falta decir nada: el vendedor ambulante pareció reconocernos en el acto. “Ah, sois vosotros, los dos Pandas detectives. Creo que tengo algo para vosotros – jeje – ¡que aproveche!”. Le dio a Max un pastel de chocolate y desapareció.

Mi estómago gruñía del hambre que tenía, y el pastel tenía una pinta tan apetitosa… Iba a comérmelo todo de un bocado cuando oí a Ella gritar: ” ¡Noooooo, Maaaax ¡ ¿Cómo se te ocurre? ¿No ves que podía estar envenenado? ¿No sabes que no se puede aceptar comida de desconocidos?
Pero era demasiado tarde. El pastel ya estaba en mi boca, sabrosísimo… pero de repente ¡KRACK! Mis dientes mordieron algo duro, y lo escupí enseguida: ¡una llave! ¿Pero qué podría abrir?. “¿Seguro que abre una de las puertas del Big Ben”, dijo Ella.

¡Y tenía razón!

Nos escabullimos entre las piernas del vigilante sin que nos viese y subimos las escaleras hasta lo más alto de la torre. Allí encontramos una puerta, y con temblorosas manos probamos a abrirla con nuestra llave … ¡y funcionó! Entramos y nos encontramos en una gran sala totalmente vacía. Justo en el centro había un paquete con un cartelito que decía: “Para Max y Ella”. Estaba envuelto como un regalo, y Ella se puso más contenta que unas pascuas: “¡Oh, un regalito para nosotros!”. Tiró del lazo que decoraba en paquete y lo abrió: ¡POOOP!. Un divertido payaso sujeto con un muelle saltó hacia fuera… ¡y tenía el cuaderno negro que buscábamos!.

La verdad, un poco extraño todo, pero bueno, a fin de cuentas teníamos el cuaderno, que era lo que queríamos. Así que volvimos a Scotland Yard y devolvimos el cuaderno a su propietario. Al contarle acerca del payaso y del acertijo nos dijo que sin duda debía tratarse del famoso ladrón “Riddler”, que parece disfrutar como un enano con las mas locas adivinanzas. “¡Lo habéis hecho muy bien, pareja! En este cuaderno está apuntada la dirección secreta de mi hija que vive en México: si no lo hubiéseis encontrado quizá nunca la hubiese vuelto a ver… Pero por cierto, estáis dando una vuelta al mundo, ¿no? ¿Podríais hacerme un favor?”. El abrió el cuaderno y apuntó la dirección en un sobre, lo cerró y nos lo entregó. “Si por casualidad pasáis por México, ¿podríais entregar esta carta a mi hija?. No puedo arriesgarme a enviarla por correo, es muy peligroso, pero confío en vosotros dos.”
Max enseguida se sintió muy halagado y creyéndose un superdetective cogió la carta sin más. Y México no entraba dentro de nuestros planes… Pero bueno, seguro que también es un sitio precioso.

Pero antes vamos a España, ¡y en barco!. Éste sí será un viaje largo…

¡Ah, por cierto! ¿Encontrásteis ya la postal de Londres? ¡Seguro que sí: buscad “en verde”! ;-)

Lávense las orejas,

Max y Ella

Max y Ella en Inglaterra / Parte 3

¡Hola a todos!

¿Y, le habéis dado tantas vueltas al mensaje-acertijo como nosotros?
Max se lo ha tomado muy en serio. Nada más leer el acertijo se puso su gorro de detective, cogió su lupa y se paso el día agachado con la nariz a dos palmos del suelo recorriendo todo Londres en busca de pistas.. Pero lamentablemente sin éxito :(

Cuando atravesávamos el famoso “Tower Bridge” (el puente ese de un azul tan llamativo, ¿sabéis, no?) nos encontramos un montón de gente en nuestro camino. No fue fácil atravesar toda esa muchedumbre. Y especialmente cuando uno busca pistas con su lupa, os podéis imaginar.

De repente oímos a un señor mayor que pasaba decir: “Vaya, pues sí que hace ruido el Big Ben ése”. ¿Cómo? ¿Habíamos oído bien? ¿El Big Ben?¿El gran Ben?

Max enseguida levantó su cabeza y se quedó mirando dónde señalaba el señor: ¡claro! El famoso “”Big Ben”. ¿Lo conocéis? Es una torre muy alta con un gran reloj arriba del todo.

El reloj estaba dando campanadas. ¡Eran justo las 12! Sacamos de nuevo el mensaje en clave:

“Quien me quiera encontrar al Big Ben debe buscar
Cuando den las 12, un pastelito podrá saborear
Estoy seguro de que le va a gustar
Pero no te des un susto
Si muerdes algo muy robusto
Podria ser la llave – ¡eso si sería un gusto!”

De repente todo tenía sentido: ¡teníamos que ir enseguida al Big Ben, antes de que diera las 12 campanadas!

¡Buf! No veáis, qué estrés… Tengo que tomar aire, que estoy agobiadísima ahora mismo. El miércoles os seguimos contando, ¿vale?

¡Lávense bien las orejas!
Max
y Ella

Max y Ella en Inglaterra / Parte 2

Hola queridos Pandas,

a Max le encantan las historias de detectives, así que teníamos que ir a “Scotland Yard” – es algo así como la central de la policía de investigación de Inglaterra. ¿Habéis oido hablar de ella?

Yo pensé que podrían necesitar a un detective aficionado como yo. A fin de cuentas soy como el Sherlock Holmes de Panfu.

No prometas demasiado, Max. Aún no tenemos ni idea de cómo acabará todo esto.

¡No te preocupes, encontraremos al ladrón, por supuesto!

Mejor os aclaro exactamente de qué va el asunto.
Pues bien. Ayer fuimos a Scotland Yard. Estábamos a punto de entrar cuando en frente de nosotros salió del edificio un misterioso hombre. Llevaba gafas de sol, un sombrero que le tapaba media cara y un largo abrigo negro. Miró hacia nosotros y
pareció habernos reconocido. “¿Sois Max y Ella, de Panfu?” – preguntó – ” Qué bien que estáis aquí. Me vendría genial vuestra ayuda. Estoy buscando a un ladrón. Ha desaparecido un objeto de gran valor de mi escritorio: se trata de un pequeño manuscrito negro, con anotaciones muy importantes. El ladrón dejó el siguiente mensaje:”. Entonces nos enseño una nota en la que se podía leer:

“Quien me quiera encontrar al Big Ben debe buscar
Cuando den las 12, un pastelito podrá saborear
Estoy seguro de que le va a gustar
Pero no te des un susto
Si muerdes algo muy robusto
Podria ser la llave – ¡eso si sería un gusto!”

¿Cómoooooo? No me entero de nada – ¿quizá alguno de vosotros?

El hombre tampoco tenía la más mínima idea. “Dejo el caso en vuestras manos, espero que resolváis el misterio”, nos dijo, “si no… buff, no quiero ni pensar qué podría ocurrir si no”

Puuuuuu… Vamos a ponernos manos a la obra. ¿Nos ayudáis? ¿Quién será el tal Big Ben? El gran Ben.. ¿Un gigante? El lunes os contaremos cómo hemos avanzado. A ver qué tal se nos da…

¡Lávense las orejas!
Max
y Ella

Max y Ella en Inglaterra / Parte 1

Good morning dear Pandas!
Así nos saludaron los ingleses. ¿Todo el mundo sabe qué significa, no? Yo sí.

Vaya un sabelotodo que estás hecho, Max.

Bueno vale, sólo quería presumir un poco de que sé inglés. ¿Tenéis inglés en el colegio? Pues ahora le vendría a uno genial. Desde ayer estamos en Londres – ¡YEAH!. Siempre había querido ver ese… cómo se dice… “Changing the Guard” en el palacio “Buckingham Palace”. ¿Habíais oído hablar de eso? Es algo así como un cambio de la guardia del palacio. Cuando los guardias se cansan vienen otros para sustituirlos y seguir protegiendo el palacio de la reina. A mí me parece de lo más lógico del mundo: ¿qué pasaría si los guardias se durmiesen? No creo que quedase muy bien, la verdad…

Uau, ni me había imaginado que la reina necesitaba tantos guardias. Llegó una auténtica tropa. Venían en formación con tambores, trompetas y banderas. Además llevaban esos grandísimos y divertidos sombreros que parecían de piel de peluche. ¡Eran muy divertidos!
Había un montón de turistas que querían verlo. De repente Max desapareció en el tumulto. Sólo una vez finalizada la
„Changing the Guard“ y cuando se dispersó la gente en todas direcciones encontré de nuevo a Max. ¿Y os imagináis lo que estaba haciendo? Se había plantado delante de uno de esos guardias reales armados… ¡y no paraba de hacerle burlas y ponerle caras raras! !o!

¡Claro! Yo había oído que estos guardias son famosos porque no se dejan distraer por ningún motivo y se mantienen como estatuas pase lo que pase. Así que simplemente quería probarlo. ¿Y sabéis qué?. Una vez le saqué la lengua y ¡movió un ojo!. Fue un momento y un sólo ojo, pero me miró directamente, y me dió de repente miedo y me fui corriendo.

Claro, y justo entonces nos chocamos. Yo me había acercado por su espalda para avisarle, y justo entonces se dio la vuelta de repenta y ¡PUM! Nos dimos un choquetazo que nos caimos los dos al suelo. ¡Aua!. A mí todavía me duele un poco la cabeza.

Sí, yo también me hice daño. Y además miré de reojo al guardia y me pareció ver que se sonreía al vernos así.

Je je, no me extraña nada.
Mañana visitaremos “
Scotland Yard”. ¿Sabéis qué es?. Mañana os lo contamos todo.

¡Lávense las orejas!
Max
y Ella

Max y Ella en Francia / Parte 1

¡Bonjour queridos Pandas!

al fin llegamos a París, y es tan bonito… [suspiro]
Los que ya hayan estado en París sabrán a qué me refiero.

Sí, Ella anda todo el día anonadada con la boca abierta mirando hacia arriba, como si estuviese flotando en una nube.

Es como un sueño para mí, siempre quise visitar París… ¡y ahora estoy aquí! [suspiro]

¡Deja de suspirar, Ella! ¿Has olvidado cómo nos costó subir la Torre Eiffel?

Eso ya está más que superado, Max. Pero tienes razón, fue bastante duro, especialmente con mis zapatos de madera holandeses.

¡Teníais que haberla visto! Cuando subíamos las escaleras Ella siempre tenía que dar pasos muy grandes, porque si no se la caían sus zapatos de los pies.

Tsss… Bueno, ¿y qué?

No sabíamos que iban a ser tantísimas escaleras. Al final íbamos con la lengua fuera y subíamos a cuatro patas. Y al llegar arriba… Ella empezó a temblar. Sus rodillas paracían de gelatina , sus ojos abiertos como platos, y no se movía ni lo más mínimo. “Vamos a disfrutar las vistas, Ella”, le propuese. Pero no se movió ni lo más mínimo y dijo tartemudeando: “Yo… Yo… no.. no sé que me paaaa…sa… Pero me da muchísi..si..si…mo miedo mirar hacia a…a…abajo…”. Y entonces me dí cuenta de qué sucedía: ¡Ella tiene vértigo!

Pues sí… Yo nunca antes había estado en un sito tan alto. ¿A alguien le ha pasado alguna vez algo así? ¿Tiene alguno de vosotros vértigo? Yo no sabía que tenía esta enfermedad…

Ala, qué exagerada Ella, no es un enfermedad.
Enseguida bajamos de la Torre Eiffel, pero esta vez en el ascensor. Desde entonces nos movemos sólo por lugares a una altura moderada. Bueno, aunque a decir verdad, Ella está siempre flotando por encima de la nube número 7. De lo feliz que está. Irradia la más pura alegría.

[suspiro]

… y no deja de suspirar.

Vamos a quedarnos un poquito más por aquí. Mañana hemos planeado ir al Louvre a ver la Monalisa. ¡Me apetece tanto!

¡Lávense las orejas!
Max
y Ella

Max y Ella en Holanda / Parte 2

¡”Goeiemorgen” queridos Pandas!
Así se dicen buenos días en holandés. Al principio nosotros tampoco nos enterábamos de nada, pero el dueño de la tienda de souvenirs nos lo aclaró.

Os quería contar qué pasó ayer, pero ahora me da un corte… ¡ooops!

Anda, Max, no seas exagerado, si no pasó nada. Cuéntalo, es divertido.

Bueno vale. Como sabéis ayer dormimos en un sofá-cama. Yo estaba cansadísimo y enseguida me quedé frito… hasta que oí la voz de Ella. Estaba tendida en el otro lado del sofá, con la espalda hacia mí. “Dame tu patita”, me dijo. Yo pensé que quizá tenía una pesadilla, así que cogí su mano para tranquilizarla. Además, a fin de cuentas, ella misma me lo había pedio. Pues bien, a la mañana siguiente nos despertamos.. y yo aún sujetaba su mano… para asegurarme de que de verdad no tenía ningún miedo. Ella me miró con ojos furiosos y retiró su mano de un tirón. ¡Y eso que tú misma me dijiste que cogiese tu mano!

Ya, lo dije, pero sólo mientras dormía, Max. Deberías saber que a veces hablo mientras duermo. Estaba soñando que tenía un perrito y le estaba enseñando a darme su patita.
¡Y tú creías que quería decir tu mano!
:lol:

Bueno.. ¡Pues sí! ¡Encima! Yo sólo quería ayudar y ahora te ríes de mí.

No te enfades, Max, no pasó nada. Pero fue muy divertido.
Mañana nos vamos a Francia. Nunca estuve en París, estoy ansiosa por ver qué aventuras nos ocurren allí. ¿Quién ha estado ya en Paris? Yo siempre he querido ir.

Lávense las orejas
Max
y Ella

¡Ah, por cierto! Casi lo olvidamos. Hemos enviado otra postal a Panfu. El cartero aéreo nos dijo que la dejaría caer allí donde están las puestas de sol más bonitas.

Max y Ella en Holanda / Parte 1

Queridos Pandas,

a Ella se le metió en la cabeza comprarse un par de esos divertidos zapatos de madera, así que nos fuimos a Holanda.

Max, te estás equivocando. Se llaman Países Bajos, Holanda es sólo una parte de ellos.

Bueno, vale. Lo importante son los zapatos de madera.

Sí, yo los vi hace poco en una foto en una revista de moda. ¡Son el último grito, lo más “in” del momento!

Pues bien, fuimos con el tren hacia Holanda, y nada más cruzar la forntera nos metimos en la primera tienda de Souvenirs que vimos. Además resulta que justo al lado había también una fábrica de queso. ¿Sabíais? Los holandeses también son famosos por su buen queso. Pero a Ella eso no le interesaba lo más mínimo. Como un rayo se lanzó dentro de la tienda de souvenirs y se probó sus ansiados zapatos de madera, y para completar el conjunto se puso también un vestido y un sombrero típico. La verdad.. ¡parecía un enano de las montañas!

¡Anda ya, qué sabrás tú! Estaba preciosa, sólo que los zapatos no eran especialmente cómodos…

¡Eso es! ¿Y sabéis qué fue lo que pasó después? Teníamos que volver corriendo a la estación para coger el tren y continuar el viaje. Pero claro, con sus nuevos zapatos Ella apenas podía moverse y sólo podía dar pequeños pasitos como si fuese un pato, y perdimos el tren :?

Era el último tren del día, y ya estaba oscureciendo. No sabíamos dónde podíamos pasar la noche, así que volvimos a la tienda de souvenirs y le preguntamos al propietario si podía echarnos una mano. Nos dijo que vale, que podíamos dormir allí, pero que sólo tenía un sofá-cama en el salón para los dos. Ella no quería compartir de ningún modo el sofá conmigo, pero no nos quedó otro remedio.
¡Y pasó algo! Pero eso por ahora me lo callo – tengo que comentarlo antes con Ella.

¿¿¿Cómoooooooo??? 8-O

¡Lávense las orejas!

Vuestros Max y Ella

Max y Ella en Polonia / Parte 2

¡”Dzien dobry” para todos!
Así se dice buenos días en polaco :D

¿Queréis saber cómo continúa la historia (o leyenda, o lo que sea)?
Bueeeeeeeeeno: pues al final convencí a Ella de ir al castillo. En la taquilla preguntamos a la chica que nos atendía si conocía a un tal.. ¿cómo se llamaba, Ella?

¡Señor Jacek!

Eso es, señor Jacek. La taquillera nos dijo que el señor Jacek era el encargado de cuidar del castillo, y que le encontraríamos dentro. Así que entramos – Ella bien agarrada a mi brazo, por cierto.

Bueno, claro, es que allí era todo un poco tenebroso… Y de repente sentí que algo tocaba mi hombro desde atrás. ¡Qué susto me dí!

¡Sí, ella pegó un brinco impresionante y dió un chillico muy divertdio! :D

Nos giramos, y por suerte no era el dragón de tres cabezas.

¡Hubiese estado bien! No, era el Señor Jacek. Y continuó contándonos la historia:

Después de haber proclamado a los cuatro vientos el rey Krak que el caballero que venciese al terrible dragón se casaría con su hija, cientos de caballeros de todos los confines del reino se presentaron prestos para el combate. Pero ninguno consiguió derrotar al dragón. Cuando ya estaba toda la esperanza perdida, un aprendiz de zapatero de la corte del Rey pidió permiso para enfrentarse al dragón. Y el rey accedió. El aprendiz de zapatero se puso enseguida manos a la obra. Cogió una piel de oveja, y la llenó con azufre, sal y pimienta, y la cerró con hilo y aguja. Esperó hasta la noche y arrojó esta “oveja” tan especial dentro de la guarida del dragón, y esperó fuera a ver qué pasaba. El hambriento dragón devoró la “oveja” sin pensarlo de un solo bocado. Nada más después de hacerlo le entró una sed tan terrible, que tuvo que beber muchísima agua. Y bebió y bebió y bebió, y de repente, ¡¡BOOM!! Explotó como si se fuesa una bomba de agua gigantesca.
El Rey se puso más contento que unas pascuas, y el aprendiz de zapatero se casó con la princesa Wanda y vivieron felices y comieron perdices.

Oh… Una historia con final feliz, eso me gusta mucho.

¡Una leyenda, Ella!

Ah, bueno… ¿Pero es realmente una leyenda? ¿Quizá lo sabe alguno de vosotros?

Pues mañana nos vamos a Holanda. ¡A ver si allí también se saben historias o leyendas tan interesantes! Os lo contamos todo el viernes.

¡Ah, por cierto! Os hemos enviado una carta desde Polonia. El cartero aéreo nos comentó que dejó caer la postal en ese sitio tan ruidoso… hum… Ni idea de a qué se refiere, pero seguro que lo acabáis encontrando.

¡Lávense las orejas!

Max y Ella

Max y Ella en Polonia / Parte 1

¡Hola queridos Pandas!

¿Cómo ha ido el fin de semana?
Nosotros estamos ahora mismo en Cracovia. Está en Polonia. De Berlín a Polonia no se tarda nada. ¿Lo habéis visto en el mapa? Cracovia es una ciudad preciosa. Hace mucho mucho tiempo vivieron aquí importantísimos reyes. Vivían en el castillo de Babel. Queríamos ir a verlo, pero un señor en el tren nos contó una inquietante historia sobre él :O

¡Nada de historia, una leyenda!

Las leyendas son también historias, ¿no? Aj, qué se yo.
Bueno, de todas formas, la leyenda cuenta lo siguiente:

Hace mucho mucho tiempo vivían en un castillo en la montaña de Babel el rey Krak con su hija Wamba. Todos los habitantes de Cracovia amaban a su magnánimo rey y a su encantadora hija. Vivieron días muy felices, hasta que un día un terrible dragón decidió hacer su guarida en una cueva bajo la montaña de Babel. Tenía tres cabezas y el cuerpo estaba completamente cubierto de escamas. Cuando tenía hambre rugía tan fuerte que toda la montaña temblaba, y escupía llamas por sus fauces y humo por su nariz. El terror y la angustia se apoderaron de toda la pobre gente. Cada día había que darle una oveja al dragón, pues de lo contrario amenazaba con raptar a la hija del rey. El rey quiso poner fin a la situación, y decidió proclamar por todo el reino que buscaba a un valiente caballero que derrotase al dragón. Como premio, el caballero podría casarse con su preciosa hija.

Pues eso es todo lo que nos contó. Nos dijo que nos contaría el resto mañana.

Yo la verdad no sé… ¿Y qué ocurre si el dragón sigue allí?

¡No seas gallina, Ella! Seguro que a tí no te rapta. ¡Yo te protegeré! 8-)
Mañana vamos para allá, y el miércoles os contamos cómo fue.

¡Lávense las orejas!
Max
y Ella